El autor de El Código Da Vinci nos arrastra a una espiral de acción sin pausa, un impactante thriller donde se suceden las sorpresas y se revelan algunos de los más oscuros enigmas de la historia. Fuerzas que han permanecido ocultas durante siglos y que ahora planean destruir la Iglesia... literalmente. El arma más poderosa creada por el hombre, una organización secreta sedienta de venganza... y apenas unas horas para evitar el desastre. La eterna pugna entre ciencia y religión se ha convertido en una guerra muy real. En un laboratorio de máxima seguridad, aparece asesinado un científico con un extraño símbolo grabado a fuego en su pecho. Para el profesor Robert Langdon no hay duda: los Illuminati, los hombres enfrentados a la Iglesia desde los tiempos de Galileo, han regresado. Y esta vez disponen de la más mortífera arma que ha creado la humanidad, un artefacto con el que pueden ganar la batalla final contra su eterno enemigo. Acompañado de una joven científica y un audaz capitán de la Guardia Suiza, Langdon comienza una carrera contra reloj, en una búsqueda desesperada por los rincones más secretos de El Vaticano. Necesitará todo su conocimiento para descifrar las claves ocultas que los Illuminati han dejado a través de los siglos en manuscritos y templos, y todo su coraje para vencer al despiadado asesino que siempre parece llevarle la delantera.
Cuando Langdon descubre evidencia sobre el resurgimiento de una antigua hermandad secreta conocida como Los Illuminati—la organización subterránea más poderosa en la historia – quienes crean un plan en contra de su enemigo secreto más temido, la Iglesia Católica—Cuando Langdon se entera que el reloj de una bomba imparable de los Illuminati esta avanzando, él viaja a Roma donde une sus fuerzas con Vittoria Vetra, una hermosa y enigmática científica italiana. Comienza una caza llena de acción sin parar a través de criptas selladas, peligrosas catacumbas, catedrales desiertas y hasta el corazón de la bóveda más secreta en La Tierra, Langdon y Vetra seguirían una pista de 400 años de símbolos antiguos que presentan la única esperanza del Vaticano para sobrevivir.